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LA UNESCO Y LOS CUATRO PILARES DE LA EDUCACIÓN
Por: Dr. Fausto Mota Garcia
Dime y lo olvido, enséname y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo.
Benjamín Franklin.
– SOMOS CIBAO.-La Vega-Dedico este artículo a la memoria de la maestra Estela Despradel Brache (Dña. Bitín), Francisco Torres Petitón, Teresita Monción y Elpidio Gil, educadores que marcaron parte de mi existencia. Dedicado también a: Milton Berrido y Baldemiro Martínez, dos consagrados educadores de nuestro tiempo).
En la postrimería del siglo pasado, la UNESCO prohijó una mesa de trabajo compuesta por quince especialistas, auscultando una visión futurista de la educación; y bajo el liderazgo de un político europeo de nacionalidad francesa, miembro del Partido Socialista, llamado Jacques Delors.
Ese iniciativa colectiva produjo un documento que se conoció en las lides educativas con gran euforia, se sustentaba en la inspiración universalista de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas. El entorno educativo se apropió del documento con el sugestivo nombre de” La educación encierra un tesoro”.
El proyecto tomaba como línea filosófica el ideal de “Educación para Todos”, emanado de la Conferencia de Jontien (Tailandia, 1990) que ponía énfasis en una Educación para Niños y Adolescentes como eje esencial de una excelente educación futurista.
Recuerdo justamente, el esfuerzo dirigido en ese tenor cuando participé en representación de la República Dominicana en la Cumbre Educativa en la 33va. Asamblea General de la UNESCO (Francia, octubre, 2005) cuyo eje central fue evaluar los avances en el mundo occidental de los preceptos acordados en la Conferencia de Jontien en perspectiva a la universalidad educativa.
Indudablemente, el motor que orientaba aquellos propósitos, además de la masificación de la educación, se sustentaba en una embestida llamada a elevar los niveles de la calidad educativa. Una noble iniciativa de alcance holístico y múltiple que pretendía, además, que los diferentes sectores asumieran la importancia que tiene la educación como eje trasversal y transformador de la sociedad; el papel que en ella juegan los jóvenes para producir la necesaria metamorfosis, el papel de los padres y la escuela en la meta común de transformarlo todo.
En aquella ocasión se definieron elementos básicos para redefinir los aprendizajes y formar al hombre que necesitaría la sociedad del siglo XX1, inspirado en una visión humanista orientada hacia los ideales de paz, equidad, libertad y justicia social.
La comisión ad doc para abordar el imperativo educativo planteaba que: “La educación debía transmitir, masiva y eficazmente, un volumen cada vez mayor de conocimientos teóricos y técnicos, adaptados a la civilización cognoscitiva, porque son las bases de las competencia del futuro”. Su misión suponía que la educación debía estructurarse en base a cuatro aprendizajes fundamentales y que los mismos servirían de guía durante toda la vida.
Esos cuatro aprendizajes esenciales serían: 1. “Aprender a conocer», combinando una cultura general amplia con la posibilidad de profundizar los conocimientos en un pequeño número de materias. Lo que supone obviamente el aprender a aprender.2. «Aprender a hacer», a fin de adquirir no sólo una calificación profesional sino, una competencia que capacite al individuo para hacer frente a gran número de situaciones y al trabajo en equipo. 3. «Aprender a vivir» juntos, desarrollando la comprensión del otro y la percepción de las formas de interdependencia, respetando los valores de pluralismo, comprensión mutua y paz. 4. «Aprender a ser» para que floreciera la propia personalidad y se estuviera en condiciones de obrar con creciente capacidad de autonomía, juicio y responsabilidad personal”.
Estos constructos y visiones pertenecen al siglo pasado, y en estos tiempos esos contenidos, metodologías, actividades e informaciones se han modificado vertiginosamente bajo la influencia y el impacto de la tecnología, no obstante, señores teóricos, los mismos poseen cierta pertinencia y son la base de una verdadera educación por competencia. ¡Qué así sea!
