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Opinión

“CAPACIDAD DE ASOMBRO”

Por: Luis Federico Santana J.

REFLEXIÓN FILOSÓFICA.

– SOMOS CIBAO.-La Vega.-El dominicano se ha acostumbrado a ver tantos delitos, abusos, robos, injusticias, explotación… que ha perdido su capacidad de asombro.

Al perder su capacidad de asombro, el hombre va echando a un lado su capacidad de pensar y reflexionar. Desde luego, este no es un fenómeno exclusivo de los dominicanos.

El hombre de hoy, en sentido general, se ha acostumbrado a la facticidad, al realismo, al pragmatismo, a ver cómo los hechos se empujan unos a otros de tal forma que ya todo le es indiferente.

Ha perdido hasta la capacidad de observar y detenerse ante la realidad que le rodea. Se ha mecanizado y cosificado, vive con el automático puesto todo el tiempo.

El asombro es uno de los elementos que caracteriza el saber filosófico. Es Aristóteles el primer pensador que se refiere al asombro, aunque su maestro Platón ya había hablado de la admiración.

El hombre tiene la capacidad de maravillarse, observar, contemplar todo cuando le rodea y, al tratar de buscar respuesta a todo eso que le rodea, surge el pensar filosófico.

Un recorrido por la historia del pensamiento permite identificar diferentes cuestiones que, tradicionalmente, han inquietado al ser humano y lo han conducido a la búsqueda de respuestas explicativas.

Dentro de estas cuestiones que han inquietado al hombre en la antigüedad se encuentran la libertad, el alma, el sentido de la vida, el conocimiento, los valores, entre otros.

Hastiado por la densidad de la realidad actual, el hombre, en lugar de pensar, se dedica a reproducir lo que hacen los otros, sin evaluar la pertinencia de eso que replica. Vive como si ya todas las respuestas hubieran sido dadas.

Urge que volvamos la mirada a Aristóteles para desempolvar esa admiración y capacidad de asombro que dio origen a la filosofía porque, si no pensamos, estamos desperdiciando esa capacidad reflexiva que tiene nuestro cerebro.

Sencillamente, parece que se pone de manifiesto esa sentencia tan auténtica dictada por el escritor Víctor Hugo: “Hay personas que existen sin vivir.” Y así es porque, el vivir humano, es un vivir reflexivo.