Opinión
ACTITUD RELIGIOSA
La experiencia humana no se reduce a lo que se percibe y verifica a través de los sentidos.
Por: Ana María Taveras
– SOMOS CIBAO.-El sentimiento religioso no es ni la vida religiosa ni la creencia, pues en personas que no tienen vida religiosa, subyace un sentimiento religioso y viceversa.
En el catolicismo, por ejemplo, hay que diferenciar entre los bautizados y los que practican y confiesan la fe católica.
El sentimiento religioso es la necesidad afectiva de estar ligado a algo distinto de uno mismo.
La experiencia humana no se reduce a lo que se percibe y verifica a través de los sentidos. Tampoco está limitada a lo que capta la conciencia propia ni a la lógica o a la razón.
El símbolo es un signo que transmite un sentido a la persona y la pone en contacto con una realidad de modo alusivo y participativo.
Se trata de un hecho humano específico que reconoce y acepta una realidad suprema que le da sentido último al mundo, al hombre, a la mujer y a la historia.
Es una experiencia en la que se descubre un modo diferente de leer lo real. El mundo, entonces, se convierte en numerosos símbolos.
Hay un conocimiento profundo de que todas las cosas son más de lo que parecen. Todo es símbolo de algo y de alguien. Todo tiene una significación. Los acontecimientos son signos de un camino con Dios y hacia Dios.
Toda persona tiene una creencia, aunque ésta sea implícita o inconsciente. Pero más bien habría que hablar de acto de creer. Creer es no saber.
La actitud religiosa es fe y la fe es pensar que algo es verdadero sin estar seguro pues si existieran pruebas de la verdad ya no se creería.
En toda creencia hay una parte de incertidumbre y de duda.
De ahí que, no todos los “creyentes” pertenecen a una religión, pero existen también creyentes en una religión que no siempre comparten realmente una fe profunda.
La fe es más que una simple creencia. Es una especie de apuesta por una verdad, pero una verdad que, más que elegida por la persona, lo coge o escoge a él. La fe es adhesión, compromiso.
La fe no es algo de su propiedad sino compartida con una comunidad de fieles, aunque para cada uno esa fe tenga una historia, un matiz, un acento personal.
